Mi manifiesto acerca de Bolonia

Y seguimos con las mismas. Esos del SEPC* siguen con sus ocupaciones sin percatarse que tal vez están protestando por algo que entendieron mal y que se niegan a volver a leer. Sin ir más lejos, hoy mismo, el secretario de estado de Universidades, Màrius Rubiraalta, ha aclarado los puntos sobre la privatización de la universidad pública y sobre las opciones a máster (acerca del plan de Bolonia) que tanto preocupa a los estudiantes que dormitan en las aulas de la facultad de políticas de la UAB y en los pasillos de la UB.

Como estudiante de ingeniería informática en la UAB, padezco de primera mano los cambios que nos aporta el plan de Bolonia. La privatización de la universidad es muy relativa. Podemos verlo, des de un punto de vista sencillo, como una inversión de la industria en la universidad ya que van a ser ellos los que van a aportar una cantidad significativa tanto de propuestas de máster como de “becas ” para que el alumnado curse sus másteres o aquellos que crean convenientes. La otra cantidad van a ser los másteres propios de la universidad que, ya sea mediante becas o bajando el precio, van a seguir siendo accesibles.

De lo que, por lo visto, los del SEPC* & Co. no se han dado cuenta, es del cambio disciplinar que el plan de Bolonia conlleva. En ello encontramos la modalidad “trabajar en casa” y la “evaluación continuada” versus el clásico método “sesiones magistrales” y “examen final”. Expliquémonos: Bolonia nos dice, sea o no sea cierto, que en Europa se estila otro modelo disciplinar que el que por tradición se ha estado usando en este país. Hasta el momento, se ha estilado el modelo de “el profesor llega a clase, suelta un rollo, se va y al final de semestre (cuadrimestre) pone un examen final de la materia”. Modelo que encaja perfectamente al tipo de profesorado existente. Sin embargo, no es este modelo el que nos “propone” Bolonia. El nuevo plan nos dice que es el alumnado el que debe trabajar “en casa” (de ahí el cambio en el modelo de contabilizar los créditos llamado ECTS) y que, las sesiones que se realizan en la universidad deben de ser una mezcla entre las ya antiguas clases magistrales y un nuevo tipo de seminarios donde se consiga resolver las dudas del alumnado respecto las clases magistrales y el trabajo personal realizado. Así pues, también nos indica que la evaluación no debe recaer en un solo día (examen) a final de semestre sino que al alumno se le debe evaluar de una forma continuada a lo largo del período docente.

Este cambio que el Plan de Bolonia propone, no es que se una mala idea, sino que se convierte en un martirio para aquellos alumnos que les toca un profesor, docente, coordinador… que en ningún momento de su carrera ha deseado participar en la faz educativa de la universidad. Ese método bucólico que transforma las clases magistrales en un combo de saber, interés y productividad se convierte en un montón de faena inasimilable junto a exámenes semanales, entregas de trabajos diarias y practicas inasumibles. Cosa que, claramente, se contrapone a las declaraciones del secretario de estado de Universidades al respecto de trabajar mientras se estudia.

Lo que los sindicatos de estudiantes y compañía deberían ser capaces de ver es ese vacío en la regulación de los métodos usados en la docencia que exprime e impide que un estudiante pueda trabajar parcialmente (ya no decimos a media jornada) debido a la obligación de asistir, pongamos un 80% en el mejor de los casos, a clase. Deberían reclamar un filtrado del profesorado y, en su mayor parte, un gran reciclaje.

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